• 12 octubre, 2021

Fe, esperanza, amor

Sean la fe, la esperanza y el amor, nuestro estandarte de día y nuestra lámpara de noche; nuestro asidero en la tormenta, nuestra ancla en el naufragio, y nuestra inspiración en toda empresa.

Por Maleni Grider

“Ahora, pues, son válidas la fe, la esperanza y el amor; las tres, pero la mayor de estas tres es el amor.”
1 Corintios 13:13

El futuro le pertenece a Dios. Él implanta sus sueños en éste. Para nosotros, el futuro está velado, pero a través de la fe podemos acceder a él y alcanzarlo junto con todo lo que nuestro Señor le agrega, es decir, con todas sus bendiciones.

Cualquier circunstancia en nuestra vida se proyecta hacia el futuro, y la incertidumbre ocurre cuando nos olvidamos de estas tres palabras: fe, esperanza y amor. No puede haber fe sin esperanza, ni esperanza sin fe. Ambas se nutren la una a la otra. Pero el amor es algo aparte.

Podemos hacer todo con amor o sin amor. Es nuestra elección. Pero como  dice el apóstol Pablo, aunque llevemos a cabo las obras más piadosas, si las hacemos sin amor, “de nada nos sirve” (1 Corintios 13:3)

La fe es la certeza a la cual nos aferramos para obtener aquello que anhelamos, es la convicción de que algo que no existe ocurrirá. La esperanza es el aliento que nos sostiene cuando algo está casi perdido o nos lastima profundamente. Pero el amor es la manera en que podemos desarrollar nuestra fe y adornar nuestra esperanza.

La fe y la esperanza implican paciencia. El amor es paciente, benigno. De modo que cuando creemos y esperamos en amor, todos estos elementos se alinean bajo la mirada misericordiosa de nuestro Dios y nos conducen al fin que esperamos. “Porque yo sé muy bien lo que haré por ustedes; les quiero dar paz y no desgracia y un porvenir lleno de esperanza.” Jeremías 29:11

Todos los hombres de Dios tuvieron gran fe cuando obedecieron al Señor. Tuvieron que esperar por largos años a que se cumplieran las promesas recibidas. Pero cuando Cristo nació y estableció el Reino de Dios en la tierra, a todos los siervos de Dios les fue impuesta la ley del amor.

Los estándares fueron cambiados porque Jesús hizo todo por amor y con amor, en obediencia al Padre, con el propósito de ofrecernos la salvación de nuestra vida de pecado. En esa misma medida es que ahora nosotros debemos vivir la obediencia y corresponder al amor que nos ha sido dado, amando al Señor por sobre todas las cosas, y a nuestros semejantes como a nosotros mismos.

Fe, esperanza, obediencia, santidad, rectitud, lealtad, toda virtud debe estar sometida al amor al que hemos sido llamados por Aquel que nos amó primero. “En esto reconocerán todos que son mis discípulos, en que se amen unos a otros.” Juan 13:35

Sean, pues, la fe, la esperanza y el amor, nuestro estandarte de día y nuestra lámpara de noche; nuestro asidero en la tormenta, nuestra ancla en el naufragio, y nuestra inspiración en toda empresa. Que no haya en nuestra vida adversidad sin fe, dolor sin esperanza, ni obra sin amor.

Y sea la gloria por siempre para el Autor y consumador de la fe, cuyo amor eterno e incomparable nos puede traer de las tinieblas a la luz.

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