Virgen de los Dolores

La Solemnidad de Nuestra Señora de los Dolores, es una fiesta recordada con particular devoción en el Regnum Christi. Esta advocación de la Virgen quiere resaltar el sentimiento de dolor de la madre ante el sufrimiento de su hijo, su compañía siempre presente, y su participación en la misión.

Hay siete episodios de la vida de Jesucristo, relatados por los evangelios, que hicieron sufrir a María, y que nos dan la pista de cómo Ella “com-padecía” con su hijo:

La profecía de Simeón (Lc. 2, 22- 35) cuando José y María acuden con el Niño al templo para cumplir la ley. La persecución de Herodes y la huida a Egipto (Mt. 2, 13-15) al poco tiempo de nacer. Cuando en una subida a Jerusalén Jesús se les pierde en el templo, por tres días (Lc. 2, 41-50). Y años después en los momentos terribles de la pasión del hijo, cuando lo encuentra cargando la cruz por las calles de la ciudad santa, para llegar al momento extremo de dolor de la crucifixión y muerte de su hijo amado (Jn. 19, 17-30) en el monte Calvario; para, en unas horas después, recibir a Jesús inerte, en sus brazos, al bajarlo de la cruz (Mc. 15, 42-46). Y como último y doloroso episodio, la sepultura del hijo amado (Jn. 19, 38-42).

En el plan de salvación, Jesús, “varón de dolores” y María, “la mujer dolorosa”, quedan unidos para siempre por ese misterio de la cruz fecunda. Al pie de la cruz, Ella acompaña al hijo en el momento culmen de la misión que el Padre le encargó: ¡salvar! Y mirando a los ojos al hijo amado, recoge de su corazón colapsado de amor, la herencia preciosa de Dios… sus hijos.

Cuando se cierra la piedra del sepulcro, con su hijo muerto dentro, afuera solo en un corazón queda la llama de la esperanza. En ese corazón dolorido la chispa ha quedado prendida. Y es ese corazón dolorido de María el que irá encendiendo en los corazones de los amigos de su hijo esa certeza… las promesas se van a cumplir, va a resucitar y se nos va a hacer presentes para acompañarnos hasta el fin del mundo.

Ella siempre ha estado junto a nosotros. Pero si cabe más en estos últimos tiempos, en donde se ha hecho más presente como madre del Regnum Christi, para también inflamar en nuestros corazones el rescoldo del amor de Dios por nosotros. Aunque quizás nunca lo habíamos olvidado, con fuerza ha querido mostrarnos y recordarnos que al pie de la cruz nos fue dada como madre, como modelo y como testimonio de lo que Dios quería hacer con cada uno y con el Regnum Christi.

Además, como madre y reina de los apóstoles, ha querido ir caminando a nuestro lado, en nuestros centros de formación, en nuestras fundaciones y comunidades, en nuestros apostolados, en las casas particulares de los miembros del Regnum Christi, para no dejar que la llama de la fe y de la esperanza se apagase por los avatares de la vida y del mundo, por los dolores del corazón.

Ella, acompañando a su hijo, también “aprendió, sufriendo, a obedecer”; y por eso Ella hoy, como maestra y madre, nos repite con el ángel: “no está aquí, ha resucitado”; y nos recuerda que el Señor nos acompaña y que no debemos tener miedo. La madre del Crucificado, se ha convertido así en madre y modelo de todos los crucificados en la misión.

Por ello nuestra respuesta tiene que ser la que dan los buenos hijos: amarla tierna y filialmente, y cultivar la devoción a Ella, especialmente en la meditación y la imitación de sus virtudes. En esta fiesta de la Virgen de los Dolores que celebramos, queremos exaltar y agradecer su presencia materna entre nosotros.

Madre dolorosa, ruega por nosotros.

Recursos para la celebración

Novena a la Virgen de los Dolores

Indulgencia Plenaria para miembros del Regnum Christi

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